“El costo de la Justicia” de Don Juanito – México eterno y neoliberal
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Explorando la corrupción, moralidad y cómo la justicia puede ser comprada, evadida o manipulada. Reseña ➜
El costo de la Justicia
Autor: Don Juanito
Novela
La tinta de la pluma fuente Montblanc de Alonso se secó con una rapidez inusual sobre el papel notarial. [1] Intercambió una mirada cargada de una ambición apenas disimulada
con Emiliano, su socio y, hasta ese momento, amigo. [2]
Acababan de formalizar la creación de dos entidades: la primera, una Sociedad Anónima (el término "mercantil" es amplio, pero S.A. es específico y común) diseñada para la
importación agresiva de textiles; la segunda, una Sociedad Civil (S.C.), que operaría como una fachada de consultoría legal para blanquear las operaciones menos transparentes
de la primera. [3]
Todo se gestó en un despacho de la Colonia Roma en Ciudad de México, con olor a café de olla y a leyes viejas. [4] La dualidad de las empresas reflejaba la dualidad de su
alianza: pública y legítima por un lado, oscura y necesaria por el otro. Firmaron, sellando no solo un acuerdo comercial, sino un pacto silencioso de complicidad que pronto
pondría a prueba los límites de su ética... y su libertad. [5]
La estructura dual que habían ideado no era solo una genialidad contable, sino un equilibrio de poder precario.
Emiliano, el estratega legal, fue dado de alta formalmente como empleado de la flamante Sociedad Anónima. Esto le proporcionaba una cobertura de ingresos sólida y justificable
ante el SAT. Al mismo tiempo, operaba en las sombras como el apoderado legal de ambas entidades, el hombre que firmaba los cheques y sellaba los tratos. Era, simultáneamente,
el peón y el alfil del tablero.
Alonso, el capitalista, observaba desde la barrera, manejando las finanzas y las "entradas" de capital. El sistema funcionó. Las declaraciones fiscales anuales, meticulosamente
pulidas por un contador nervioso, pasaban sin problemas las revisiones.
Los años siguientes fueron de crecimiento exponencial. La S.A. importaba contenedores enteros y la S.C. justificaba comisiones millonarias por "asesorías" que nadie había visto
por escrito. El éxito, sin embargo, solo solidificaba las grietas de su alianza. El dinero fluía, pero la presión de mantener la doble vida empresarial comenzaba a hacer mella
en la confianza de Emiliano, quien se sabía más expuesto ante la ley que su socio. Cada firma estampada como apoderado legal le recordaba que, si el castillo de naipes caía, él
sería el primero en quedar sepultado bajo el peso de la ley mexicana.